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crisis de las pensiones

La crisis de las pensiones en términos simples

Ha vuelto a destacar en las noticias el problemón de las finanzas del fondo de jubilación de la Caja del Seguro Social. Específicamente, el programa conocido como Sistema Exclusivo de Beneficio Definido (SEBD) va mal. Esto se refleja en una creciente disminución de sus reservas, producto de largos años de estar recibiendo menos cotizaciones que las obligaciones que tiene que honrar con aquellos que se van jubilando.

Estoy bajo la impresión de que, aunque muchos y muy esclarecidos financistas han explicado el problema, mucha gente, por el lenguaje técnico y porque no deja de ser un tema complicado, no lo alcanzan a comprender en toda su magnitud. Intentaré aquí hacer un ejemplo sencillo para arrojar claridad sobre un tema gris.

El programa de pensiones de la caja, como cualquier programa de pensiones consiste, en que los cotizantes aportan sus cuotas, las cuales se colocan en instrumentos de ahorro e inversión, todo lo que al final de la vida productiva de cada cotizante, ha permitido acumular una suma, que permite recibir, por los años que viva, una pensión digna. Me permito hacer una comparación. Es como que una persona pase muchos años de su vida abonando un pago para, en un plazo determinado adquirir una casa de cierto diseño y cierto valor. 

Hasta aquí todo bien. Pero si el programa de pensiones o, lo mismo, el programa de “casas a plazo” no está bien diseñado y bien ejecutado, entramos en serios problemas. Si al diseñar y ejecutar el plan de las casas, resulta que cada una, va a costar más que lo que proyectamos o al cliente le acordamos una letra menor que lo que costaría la casa, tendremos un “déficit” o “hueco financiero” porque estamos obligados a entregar una casa que, vale más que lo que nos pagaron. 

El programa de pensiones es similar. Si al final de la vida el cotizante se va a llevar más de lo que puso, ya sea porque puso menos de lo que debió, o por menos tiempo del que debió o porque vivió jubilado más años que los que el fondo había calculado, también habrá un “déficit”. Así como cada comprador se lleva una casa más cara de lo que pagó, cada jubilado se lleva una pensión por la que no pagó.

Es bastante obvio que la solución a estos dos “huecos” es inmediatamente cerrarlos. Al comprador de la casa, o se le cobra más o se le da una casa acorde con sus aportes. En las pensiones igual, o se pagan más cuotas y por más tiempo, o la pensión debe reducirse. Pero en la vida real, manejada por políticos y demagogos hacerle frente a la realidad no es lo usual. 



¿Qué pasa entonces? El de las casas dice que si cambia los términos de la transacción se le puede acabar el negocio. Y en las pensiones, los cambios “paramétricos” no son populares, incluso el cotizante ya cree que lo están estafando. Hasta aquí, el efecto del desajuste es una pérdida o un déficit unitario, que, si no se corrige, crecerá y se acumulará.  

En este momento, el constructor y el gobierno tienen una inspiración diabólica. Si el negocio es tan bueno y tenemos una larga lista de gente abonando o cotizando, ¿porque no cubrimos el faltante de la casa o de la pensión, con los abonos o las cotizaciones de los que están en fila? El de las casas le parece excelente y seguirá tapando el hueco con el que viene, y hasta donde pueda. Y a los políticos también les parece maravilloso. Si hay más gente, sobre todo jóvenes que les falta mucho para jubilarse, ¿por qué no vamos tapando el hueco de hoy con el aporte los que se jubilan, pasado mañana?

Con esta torcida lógica, ahora tenemos dos problemas. El problema inicial, de que las casas (o las pensiones) siguen costando más de la cuenta. Y el nuevo problema, que estamos usando la plata ajena para tapar el creciente hueco. Este esquema diabólico, es más viejo que el mismo diablo y se conoce como “pirámide” y siempre acaba mal.

Y ahora vemos porque acaba mal. Al de las casas, tarde o temprano, se le reduce la clientela y si saben de su trampa, más rápido. Entonces el enorme hueco que se cavó por años, no hay forma de taparlo y si no mete dinero, los compradores lo encarcelarán por fraude.

El gobierno, a medida que los cambios demográficos le restan población en las filas de trabajadores, y que nunca ni cerró la perdida corriente por pensionado ni rellenó el hueco que creó pateando la lata, enfrentará un desastre financiero. Ahora no habrá pensiones ni para los que están pagando porque se la comió el hueco y ni para los que viven del hueco, los jubilados. Pronto no habrá con qué ni con quién pagarles.

¿Está claro ahora?


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