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La pandemia pasa factura

Rebrotes sin control y lentitud en los planes de vacunación, hacen difícil el camino hacia una recuperación económica a corto plazo.

La infraestructura hospitalaria en varias regiones del mundo, sobre todo en los países subdesarrollados, ha colapsado nuevamente. Los recursos dispuestos para mantenerla a flote no son suficientes. La inmunización se interrumpe por desordenes sociales e inestabilidad económica. Este panorama, solo sería contrarrestado mediante reformas fiscales.

La factura que le llegará a los países, será aquella que implique una reducción en las calificaciones de su deuda soberana, llevándolas a ubicarse por debajo del grado de inversión. Esto significa que todos los sectores económicos con necesidades de capital por la vía del crédito, verán encarecido su flujo, dado que las tasas de interés van al alza. Esto aplica para el sector público e inmediatamente se replica en el sector privado.

En un escenario como este, el crecimiento económico se ve ralentizado, se rompe la regla fiscal y se anidan desbalances en cuenta corriente para cada país.

Y aquí no termina todo: la inflación galopante que se asoma no viene por el lado de la demanda, sino por la falta de oferta en bienes y servicios y el incremento en los precios de las materias primas.

La inflación; ese fenómeno monetario que compromete la capacidad de adquirir algo con determinada cantidad de dinero, pone en aprietos a los economistas y financieros más expertos, incluyendo a los técnicos que componen los equipos económicos de un gobierno.

Las tasas de intervención bancaria son un mecanismo para controlar la inflación. Si se observa un aumento en la inflación, las tasas se ajustan al alza y si pasa lo contrario, las tasas deberían recortarse. De ahí el comentario sobre el encarecimiento del crédito para aquellos que mantienen obligaciones crediticias.

Así que un aumento en las tasas, limitaría el crecimiento económico y el esfuerzo por recortar el gasto se convertiría prácticamente en un acto de fe. Las grandes obras de infraestructura que incorporan una buena cantidad de plazas de trabajo, podrían ayudar a recircular dinero en la economía.

Grandes obras o proyectos de largo plazo, como las que propone el gobierno de los EE.UU., vienen acompañadas de una calibración en temas de impuestos que tienen el objetivo de aumentar el recaudo.

La factura sobre 15 meses de pandemia, con países exportadores e importadores prácticamente cerrados, restricciones en desplazamientos, incremento en el precio de los fletes, altos niveles de desempleo, poca velocidad en los procesos de vacunación y los rebrotes, interrumpen el desarrollo económico.

Es muy importante que las inversiones de portafolio se orienten hacia sectores que vayan con el ciclo económico. Materias primas y energía (y subsectores) son por lo menos dos de los más importantes.

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Mario Montoya