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País rico, gobierno pobre. País pobre, gobierno rico.

La reflexión cae como anillo al dedo en estos tiempos de Pandemia, en que los países se enfrentan a finanzas públicas deterioradas y raquítico crecimiento económico.

El título de esta columna, es una reflexión muy vieja, atribuida a la escolástica española. La reflexión cae como anillo al dedo en estos tiempos de Pandemia, en que los países se enfrentan a finanzas públicas deterioradas y raquítico crecimiento económico.

Las estrategias de recuperación de las naciones, están en dos polos. Unos que buscan recuperase rehaciendo sus finanzas a base de aumentar tributos e impuestos o sea una “reforma tributaria”, o, “te cobro más para seguir gastando y eso impulsa la demanda”. Y aquellos que consideran una “reforma fiscal”, es decir lograr un relance de la economía por la eficiencia del gasto y la productividad y con un componente de ingresos adicionales. Estos piensan, “para aumentar tributos en forma eficiente debo reducir y redireccionar el gasto a las actividades que ayuden a crecer”. Si proyectamos estas políticas a mediano plazo, por la vía “tributaria”, tendríamos un país empobrecido con un gobierno rico. Por una reforma “fiscal” un gobierno empobrecido, especialmente los políticos, pero una nación con crecimiento hacia la riqueza.

Se puede argüir, que las realidades no son blancas ni negras y que lo que acomoda es un “mix” de los extremos. Pero para ello tienen que darse premisas políticas que no existen. La primera es que el animal político que gobierna, este dispuesto a sacrificar sus elecciones futuras o incurrir en “costos políticos” al tener que reducir gastos de planillas, subsidios y favores. Otra premisa es no reconocer, que a corto plazo hay mas impacto gastando menos que esperando recuperar más.

La otra premisa, muy peligrosa para la sostenibilidad futura, los “tributaristas” sueñan que pueden subir fácilmente derechos, alquileres o tasas a concesiones públicas como los puertos y la minería. Total, dicen estos chupadores de valor, “ellos no votan y los que usan esos servicios tampoco” refiriéndose a los servicios que sirven al mundo. Es difícil ser más estúpido. Y explico abajo.

Buena parte de los ingresos y la dinámica de la economía panameña depende de sus servicios logísticos internacionales. Y no por los alquileres o tasas que esos servicios paguen al Estado sino por las actividades derivas que generan y tributan. El canal de Panamá, por ejemplo, contribuye solo el 8% del PIB por sus ingresos directos. Pero indirectamente el Canal hace posible otro 25% del PIB en las actividades conexas incluidos los puertos. ¡Ponerle más costos a la locomotora logística es ralentizar todos los vagones que ella viene arrastrando!

Los “tributaristas” antes de seguir soñando, deben hacer un análisis sobrio de la desproporción que hoy tenemos de gastos a ingresos. Las proyecciones más optimistas de subida de ingresos no son nada, ante el enorme gasto en burocracia estatal y regalos políticos. Solo doy un ejemplo, la concesión de Minera Panamá donde el Estado recibe $27 millones al año se considera un “robo”. Ahora digamos que logramos que nos paguen 20 veces más (2000%) o sea $540 millones al año. Esto apenas alcanza para pagar un poco mas de un mes de sueldos del gobierno, $400 millones al mes. ¿Qué resolvimos?

Para cerrar cito a Ronald Reagan. “Cuando una persona o empresa gasta mas de lo que gana, quiebra. Cuando un gobierno gasta mas de lo que gana, te pasa la cuenta”.

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Mr. B.