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Perspectivas

Un ajuste para el futuro

Varias veces escuchamos sobre la intención en la reducción del gasto público de un estado y casi siempre termina en un apretón de cinturón.

Para no salir del marco de cumplimento de este tipo de obligaciones, que son incorporadas por organismos multilaterales, los países que tienen una política que intenta reducir el gasto público – a cualquier costo – se convierten en terreno atractivo para inversionistas que están en la búsqueda de emisiones con cierto nivel de riesgo y que justifique un buen retorno de vuelta para sus portafolios. Cumplir con criterios, internacionalmente parametrizados, atrae a los inversionistas globales; además de anclar expectativas y asegurar, de alguna manera, una cota de riesgo para el país.

Si un estado “reduce su gasto”, aunque sea teórico, el sector privado también lo intenta y en una menor proporción, el individuo hace lo propio.

En medio de una crisis sin precedentes, provocada por la pandemia, un gran porcentaje de la población mundial, cayó en una zona de pobreza y extrema pobreza, que contrasta con la suma de valor que se concentró en pocos sectores, que no necesitaron masivamente de la presencialidad de sus colaboradores y pudieron trabajar desde sus hogares, recibiendo su asignación salarial sin falta. A esto hay que sumarle todas las ayudas suministradas por los gobiernos en todas sus formas, que permitieron facilitar el ahorro. Por esta razón, se puede decir que se obtuvo un exceso de liquidez que no tenía destino concreto de gasto.

Algunas personas ahorraron, otras ayudaron a familiares y allegados, otros gastaron en remodelaciones para sus casas, refacciones para sus carros y además pudieron conservar una reserva para “las vacas flacas”. Ahora, sin terminar la pandemia, estamos ad portas de un posible conflicto bélico en Europa del este, del que no podemos anticipar sus consecuencias inmediatas.

Cuando se hacen esfuerzos por parte de las empresas públicas o privadas por sostener plazas de empleo, lo mínimo que debería hacer un núcleo familiar, es priorizar sus gastos y ahorrar. El ahorro permite proyectar un gasto a futuro y un retiro deseado.

Vamos a entrar en un periodo que merece la acumulación de capital, que podría ser la purga para los sistemas pensionales solidarios que están incrustados en los presupuestos anuales de ciertos países. Si se logra sacar ese rubro de dichos presupuestos, el pago de las pensiones podría llegar desde patrimonios autónomos y con cálculos actuariales ajustados a la realidad del momento. De otra manera, cada persona, estará sometida a una carga de impuestos para llenar la caja y pagar las pensiones que son el equivalente a las obligaciones soberanas.

Ahora bien, de ese exceso se puede ahorrar, acumular e invertir un buen capital. Cada dólar que se invierta, será suficiente para palear necesidades inmediatas o las que aparezcan en el futuro.

Si una persona ahorra un porcentaje (%) de sus ingresos o mejor aún, los invierte; el interés compuesto medido en años, aumentará con el tiempo.

Sabemos que las pensiones son un derecho por los aportes que se hacen durante tantos años de trabajo y debemos reclamarlo, pero hay que ser sensatos: la pensión se queda corta para un mes de 30 días.

Así que el ahorro individual es el camino para obtener un retiro digno, que no deteriore la calidad de vida y al contrario, la mantenga y mejore. Con un anticipo en el hábito de ahorro e inversiones de manera voluntaria se puede conseguir el objetivo.

Si los países recortan su gasto del lado de las inversiones, para seguir tal vez, alimentando el aparato burocrático, no hay mejor contrapeso que el ahorro individual o familiar para el futuro.

Y no es complicado clasificar el tipo de ahorro que debería hacerse:

  • Si la persona está entre los 35 y 45 años, se encuentra en un periodo de acumulación en inversiones que, por dar un ejemplo, podrían asumir un nivel de riesgo mayor, por lo que las acciones serían una alternativa para un periodo entre 20 y 30 años hasta justo antes del retiro. Este ahorro lleva premio por el interés compuesto y no hay trucos… sólo basta con asesorarse y hacer un portafolio con buenos nombres.
  • Si a la persona le faltan 10 años o menos para pensionarse, no hay camino distinto que la renta fija de corto plazo y tal vez en una cantidad mayor de inversión, podrá ver unos ingresos modestos, pero mejores para su buen retiro.

Tal vez y sólo sea la última oportunidad en años, de aprender a priorizar en los gastos, definir bien lo que se quiere y se necesite… ahorrar o invertir el efectivo.

Para todo esto que se detalla, existe un camino: el ahorro individual. Es ese que se desmarca de los desordenes y problemas de los ahorros pensionales solidarios, colectivos y mal calculados.

Si la reducción del gasto a nivel macro se puede hacer, ¿por qué no aplicarlo en las finanzas personales?


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